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Enero 2009

   
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TU CRUZ ADORAMOS, SEÑOR, Y GLORIFICAMOS TU RESURRECCIÓN

ICONO DE LOS SANTOS PEDRO Y PABLO

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XVIII c. from Veliko Tarnovo, Bulgaria. Painter Ioan from Chivindola

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VIRGEN DEL SIGNO

MADRE SANTA PARESQUEVA

MADRE SANTA PARESQUEVA

JULY 17 Holy Royal Martyrs of Russia

JULY 17 Holy Royal Martyrs of Russia

Icono de la Protección de la Madre de Dios (1 de Octubre)

Icono de la Protección de la Madre de Dios (1 de Octubre)
Santo Icono que se venera en la Parroquia de S. Andrés y S. Nicolás (Alicante)

¡Cristo ha resucitado! Hristos a înviat! Χριστός Ανέστη! Христос Воскресе! ქრისტე აღსდგა!

¡Cristo ha resucitado! Hristos a înviat! Χριστός Ανέστη! Христос Воскресе! ქრისტე აღსდგა!

La Imagen de Cristo no sólo muestra el encuentro de Dios con el hombre, sino que constituye al mismo tiempo una invitación al encuentro del hombre con Dios. Muestras de este segundo encuentro son las Imágenes de la Virgen y de los Santos, los amigos de Dios.

lunes, 22 de febrero de 2010

La veneración de los íconos


“En verdad os digo que veréis abrirse el cielo”

Las razones históricas de institucionalizar el “domingo de la ortodoxia” se encuentran en la victoria de la restauración de la veneración de los íconos en Constantinopla el 11 de marzo de 843, día que coincidió con el primer domingo de la cuaresma. Desde entonces, nuestra Iglesia lo celebra en dicho domingo. Además, la denominación de “ortodoxia” que se afectó a este domingo designa un contexto más allá de lo histórico, o sea el dogma que se cristalizó en el VII Concilio Ecuménico en Nicea en 787 sobre la veneración de los íconos. A la victoria - que se anunció después de haber pasado varias décadas llenas de guerras y persecuciones por parte de los emperadores bizantinos contra la Iglesia , y también llenas de mártires -, no le concierne un dogma en particular, sino todos los dogmas de la Iglesia proclamados en los concilios ecuménicos anteriores. Esta victoria selló, en realidad, todos los dogmas y los confirmó. Así, la veneración tuvo como base los dogmas de la Santa Trinidad y de la Encarnación declarados en concilios anteriores.


Nuestra Iglesia da a este día un carácter festivo particular. Es conocida la procesión de los santos íconos, al finalizar los maitines (o, por razones pastorales, en la liturgia). En la procesión, se hacen letanías cortas en los cuatro puntos cardinales de la Iglesia , y se lee el “Sinodikon de la ortodoxia”, o sea textos referidos a quienes defendieron la fe a través de toda la historia de la Iglesia , y también a quienes blasfemaron contra ella. Se trata de proclamar nuestra adhesión a la fe de los primeros y el rechazo de la creencia de los segundos y su excomunión (anatema) de la Iglesia. Así , por ejemplo, se proclama la excomunión de los que no creen en la resurrección del cuerpo.


La práctica de la veneración de los íconos fue defendida por San Juan Damasceno (+749). Su argumentación principal giró sobre que el Verbo de Dios se encarnó y se hizo visible. Si el Antiguo Testamento prohibió representar a Dios: “No te harás esculturas ni imagen alguna… No te postrarás ante ellas” (Ex 20:4; 5), esto era por el miedo de confeccionar una imagen o una escultura de Dios. Nosotros no hacemos esto; tampoco representamos la esencia de Dios. Sino que, después que el Verbo de Dios tomó un cuerpo humano, podemos representarlo en su humanidad visible. No hay peligro de caer en la idolatría, ya que justo en el mismo concilio se insistió acerca de que no se ofrece una adoración, sino una veneración al ícono. La veneración no concierne a la materia de la cual está constituido el ícono, sino que “es transmitida a su principal prototipo”, según la expresión de San Basilio el Grande (+379), o sea a la persona representada en el ícono (El Señor, la Virgen , los santos).


El ícono defiende el misterio de la encarnación. Quien lo acepta ha confesado su aceptación de los siete Concilios Ecuménicos. Su veneración forma parte de toda la Ortodoxia. No cabe duda de la importancia del ícono en nuestro culto. Además de la enseñanza escrita, los íconos constituyen la enseñanza gráfica. Por ellos y junto con las oraciones, se trasmitió nuestra fe de generación en generación. Los íconos siempre ocuparon su lugar de privilegio en las iglesias ortodoxas, como si la iglesia fuera un solo gran ícono: la iglesia no conoció una sola pared desnuda, sino que la iglesia es un conjunto de íconos colgados en las paredes. Desde nuestros templos salió el ícono a nuestras casas, debido a que nuestra casa es una “iglesia doméstica”.


El ícono trae al alma orante la presencia de tal o cual santo. En varios lugares, es común que cada ortodoxo tenga el ícono de su propio santo patrono. El ícono jugó un rol importante durante los períodos de persecuciones. Por ejemplo, en Europa del este, la mayoría de la Iglesias fueron cerradas después de 1917, pero el ícono permaneció como vínculo entre la familia y la fe ortodoxa. Siempre el ortodoxo lleva en su bolsillo, en su portafolio o en su valija un ícono que lo acompaña en sus viajes. Para los ortodoxos, besamos el ícono del Señor como si lo besáramos a Él. Es una forma de vivir una cierta familiaridad con Él. Si bien el ícono es una ventana abierta entre Dios y nosotros, pero no es la única. El conjunto del culto, si se practica, será un punto de encuentro con el Señor.


Sin embargo, la importancia del ícono no se termina aquí, porque es una ventana para ver el ícono del Señor sobre todo rostro. Indignarte de la conducta de alguien o de su reproche, estar en situación conflictiva con él, etc., desfigura, en tus ojos, la imagen de Dios en él. La vida espiritual aspira a ver siempre la belleza espiritual que se halla en todo hombre: si te acostumbras a ver bello a tu prójimo, te volverás bello; y si te conduces amablemente con alguien, tu alma se volverá amable. Pero, si muestras dureza en tu comportamiento, tu corazón se volverá duro; o si juzgas a los demás, tu opinión acerca de su conducta generará que tu corazón se vuelva yermo. El ícono de Dios en los demás es un dogma. ¡He aquí el cumplimiento de nuestra fe! Amén.
Publicado por Padre Nicolás Vera

martes, 12 de enero de 2010

Las manos del Pantocrátor


Las manos del "Pantocrátor" son las mas expresivas.

En los dedos de la mano que se ve en el icono podrá leerse lo siguiente: IC XC que es el anagrama del nombre de Cristo.

Esta mano tiene también una segunda lectura, tres dedos juntos simbolizan la Trinidad y los dos restantes expresan que El es la Segunda persona de esa Trinidad. >(1 Dios Padre, 2 Dios Hijo, 3 Dios Espíritu Santo).

martes, 5 de enero de 2010

A los escritores de iconos


"Levantaos vosotros pintores, que a través de vuestro arte exaltado hacéis Iconos. Mi alabanza para el campeón coronado es pobre, comparada con la sabiduría que inspiran vuestros pinceles con sus radiantes colores. Yo me detengo al escribir sobre el valor de los Santos y los Mártires, de ahora en adelante, porque vosotros los habéis coronado y hoy me alegro de la victoria ganada por vuestro poder. A medida que miro los detalles de las figuras de vuestros Iconos, Su victoria es más brillante para mi. Que los demonios rabien, porque han sido destruidos por las bondades de los Santos y los Mártires que vosotros habéis descripto. Haced que s
us manos quemadas en las llamas de lo viejo, sean reveladas nuevamente como victoriosas. Que esto que yo he dicho quede incluido en esos "Iconos" y unidos con el Cristo, Juez de todo el contexto. A El la gloria por los siglos de los siglos. Amén."

San Basilio

jueves, 17 de diciembre de 2009

ICONO: Visión de un mundo transfigurado


El icono refleja la santidad, el mundo transfigurado, el mundo superior; por el lo las imágenes de los iconos tienen una esencia significativa y representativa: el mundo transfigurado. Esto está fijado en el Canon. La canonicidad de un icono, no está tanto en el sujeto, como en el principio de la representación del cuerpo transfigurado por medio de signos acordados. La teología cristiana diferencia la incognoscible Esencia de Di os y Sus manifestaciones creadoras, es decir, la energía, dándoles Nombres Divinos. Uno de estos Nombres es la 'Belleza.' Ella es de esencia superior y está por encima de lo mundano, es decir, es trascendente a todo lo sensible. De allí que el arte de la Iglesia tenga por principio el antinaturalismo. La Belleza es una idea central de la estética cristiana. La Belleza, como Nombre Divino, es de naturaleza luminosa. Dios es luz y no hay en El ninguna oscuridad. Cristo es la Luz Verdadera que ilumina a todo hombre que viene al mundo.

Arriba icono de la Transfiguración que se venera en la Ermita Transfiguración y San Menas,Petrel (Alicante)

martes, 17 de noviembre de 2009

La luz en el icono ortodoxo




Esta enunciación plástica de la transfiguración y divinización del hombre tiene, desde luego, lugar también mediante otros procedimientos plásticos, pero especialmente por el que el teólogo moderno llama " iluminación o " estructura luminosa del Icono ortodoxo. El pintor de santos ortodoxo, en contraposición al pintor renacentista, que trabaja a partir de la sombra, estructura el Icono y le da forma literalmente a partir de la luz. En el arte del Icono, la paleta de colores se entiende como una paleta de luz. El pintor de santos mezcla los colores con luz, tal y como el santo " se mezcla con la luz, según la expresión de Simeón el Nuevo Teólogo.

Esta luz desempeña un papel peculiar en la pintura bizantina, se refiere al ser de lo representado y por consiguiente adquiere un carácter ontológico. " Dios es luz, y su humanización es la luz venida al mundo: " Pues vino y apareció la luz inaccesible. Esta luz, según San Gregorio Palamás, son las acciones no creadas de Dios. Y la luz que resplandece en los santos Iconos es precisamente esta "acción divina y, por tanto, lo esencial del contenido del Icono. La luz con la cual se ilumina el Icono ortodoxo no es la luz natural que procede de una fuente exterior determinada, de modo que obedezca a las inflexibles e impersonales leyes de la difusión de la luz en línea recta -con todas la consecuencias de estas leyes, como ocurre en el arte occidental. Es, por el contrario, una luz " que desciende de lo alto y que alumbra desde el interior lo representado, difundiéndose al mismo tiempo por todas partes, sin un foco determinado y sin punto de luz, que desharía la mostración de su ubicua presencia. Es como si bajara " fuego del cielo a la tierra e iluminara desde el interior toda la existencia humana. Para nuestra tradición iconográfica ortodoxa es la luz no creada del monte Tabor, que alumbró al Señor en el monte de la Transfiguración. Y precisamente la participación en esta luz no creada de la transfiguración substancializa lo representado, otorgándole hipóstasis e identidad; le hace ser lo que es. Una luz de tal calidad es la que ilumina las existencias benditas de lo representado, y constituye un adelanto y compromiso del octavo día de ultratumba -"llegada del Juicio Final. Por lo cual la luz del Icono tiene un carácter de " aparición divina como expresión de acciones divinas sobre lo creado y las personas que transfigura. Podríamos, pues, decir que el Icono ortodoxo hace plásticamente tangible la hermosa descripción de nuestro Padre entre los Santos Simeón el Nuevo Teólogo, referida a la transfiguración, por medio del fuego divino, es decir, por la gracia no creada, del cuerpo de los santos: " Y de este modo los cuerpos de los santos transformados por la gracia unida a su alma, o por el fuego divino, son santificados y se hacen también transparentes y llegan a ser muy diferentes de los otros cuerpos y más venerables.

De Theología y Vida.

sábado, 3 de octubre de 2009

El Rostro (en el icono)



El rostro de las imágenes se puede afirmar que son el centro espiritual del icono. Estos rostros son presentados generalmente viendo hacia el frente, pues "la frontalidad significa presencia" y de esa manera tienen un contacto directo con quien las observa. Se encuentran siempre en actitud de oración, ya que su pensamiento está puesto en el Altísimo, sin embargo, parecen estar interrogando permanentemente a quien se aproxima a ellas.
Algunas veces los rostros se encuentran en una posición de "tres cuartos", es decir se dirige hacia el motivo principal del icono, sin embargo, su vista va hacia el frente. Este es el caso de la Virgen de Vladimir y de la Virgen de la Pasión, en los que la cabeza de la Madre se dirige al Hijo pero su mirada está orientada hacia quienes la observan. Otro icono con estas mismas características es el de "San Lucas en su estudio de pintor", su cabeza se vuelve hacia el trabajo que está ejecutando pero su vista está fija en el frente. Estas disposiciones fueron expresamente fijadas por el "Manual Herminio", que actualmente se encuentra resguardado en algún monasterio del Monte Athos.
Algunos rostro son presentados de perfil, su explicación icnográfica sería que los personajes así presentados aún no han alcanzado la santidad, un ejemplo se tiene en el icono de la "Natividad", en el que el rostro de los pastores adopta esa posición.
La iconografía rechaza tajantemente pintar la parte posterior del rostro, es decir, la nuca. En la Grecia Clásica llamaban a los eslavos "aprosopos", que significa "los sin rostro". En un icono de San Juan Bautista o El Precursor se puede ver su cabeza separada del cuerpo pero su cara es perfectamente visible. Esta simbología se basa en en un versículo del Evangelio de San Lucas que dice "El que pone la mano en el arado y mira hacia atrás no sirve para el Reino de Dios"
Mucho se ha dicho, en forma por demás crítica, que en los iconos el mismo modelo de rostro se repite una y otra vez. Cuanta verdad encierran estas palabras pero en vez de ser en su demérito son una alabanza ya que al ser plasmados en los iconos los rostros humanos, el hombre pasa a ser "el hombre nuevo" que habla San Pablo y que ha recibido ya la Gracia Divina pues a los ojos de Dios no existe diferencia alguna entre sus hijos.

M.Vega

jueves, 16 de julio de 2009

Los cuerpos en la representación iconográfica


En los iconos, todos los cuerpos son representados altos y delgados, desprovistos de todo volumen, el que les es proporcionado por los amplios ropajes que ocultan cualquier apariencia sexual .
La delgadez del cuerpo indica la superioridad del espíritu sobre la carne, a la vez que acentúan su renuncia a las cosas materiales y a todos los asuntos terrenales.
Una de las críticas mas comunes a este estilo pictórico es la inmovilidad de las imágenes. Lo anterior denota la ignorancia sobre la iconografía bizantina, pues con la ausencia de ademanes que denoten alguna acción, se simboliza a la "Hagia Irene" es decir la Santa Paz. Los movimientos bruscos expresan lo contrario es decir el estado pecaminoso del hombre. Ninguna sombra es proyectada por esos cuerpos hieráticos, no solamente porque el icono está inmerso en la luz, sino que para Dios no hay sombras ni lugares ocultos.

M. Vega

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Mi nombre es Macario, soy de nacionalidad española y pertenezco al Patriarcado de Rumanía como hieromonje en la comunidad ortodoxa rumana de Elche (Alicante) Parroquia de la Santa Protección de la Madre de Dios. Esta parroquia pertenece a la Metrópoli para Europa Occidental y Meridional de la Iglesia Ortodoxa Rumana y está bajo la jurisdicción de Monseñor Timoteo (Lauran) Obispo del Patriarcado Rumano para España y Portugal, siendo nuestro Arzobispo Metropolitano Monseñor José (Pop) con sede en Francia.