Iconos ortodoxos

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Enero 2009

   

TU CRUZ ADORAMOS, SEÑOR, Y GLORIFICAMOS TU RESURRECCIÓN

ICONO DE LOS SANTOS PEDRO Y PABLO

ICONO DE LOS SANTOS PEDRO Y PABLO

XVIII c. from Veliko Tarnovo, Bulgaria. Painter Ioan from Chivindola

XVIII c. from Veliko Tarnovo, Bulgaria. Painter Ioan from Chivindola

VIRGEN DEL SIGNO

MADRE SANTA PARESQUEVA

MADRE SANTA PARESQUEVA

JULY 17 Holy Royal Martyrs of Russia

JULY 17 Holy Royal Martyrs of Russia

Icono de la Protección de la Madre de Dios (1 de Octubre)

Icono de la Protección de la Madre de Dios (1 de Octubre)
Santo Icono que se venera en la Parroquia de S. Andrés y S. Nicolás (Alicante)

¡Cristo ha resucitado! Hristos a înviat! Χριστός Ανέστη! Христос Воскресе! ქრისტე აღსდგა!

¡Cristo ha resucitado! Hristos a înviat! Χριστός Ανέστη! Христос Воскресе! ქრისტე აღსდგა!

La Imagen de Cristo no sólo muestra el encuentro de Dios con el hombre, sino que constituye al mismo tiempo una invitación al encuentro del hombre con Dios. Muestras de este segundo encuentro son las Imágenes de la Virgen y de los Santos, los amigos de Dios.

lunes, 25 de junio de 2012

martes, 15 de noviembre de 2011

sábado, 26 de marzo de 2011

Liturgia Bizantina.. ICONO Y SINFONÍA CORAL ( 3 )




Decía Paul Valéry: "¿No has observado, al pasearte por esta ciudad, que entre los edificios que la pueblan, unos son mudos, otros hablan, y otros, por fin, que son más raros, cantan?". En efecto, hay edificios muertos, académicos, pura imitación, que a lo más balbucean, pero que no cantan ni hacen vibrar (6). Y el canto es la condición necesaria de toda auténtica obra de arte.

Así es el arte icónico, dentro de la liturgia y del edificio cultual que lo alberga. "La Nueva Roma -escribe L. Bouyer- supo crear no solamente un arte plástico y arquitectónico nuevo, vivaz, y que renovó sin cesar su originalidad desde el siglo VI hasta la caída de Constantinopla, sino también un pensamiento metafísico, una poesía lírica y dramática, una sabiduría de la vida, y todo ello logrando una unidad orgánica. La liturgia bizantina es el corazón de esta civilización" (7). Las diversas expresiones de arte que exhibe el templo -líneas arquitectónicas, frescos, iconos- encuentran su elucidación integral en el misterio litúrgico. Ninguna de esas expresiones, ni siquiera el icono, resultaría inteligible fuera de dicha referencia. La liturgia misma, en su conjunto, es el icono -icono coral- de la entera economía de la salvación.

A ese coro se unen también los elementos materiales que la Iglesia asume para vehicular la salvación. Nos referimos a la materia de los sacramentos, el pan, el vino, el óleo..., todos elementos sin voz pero que se agregan a la alabanza de los que tienen voz. Sin embargo, ese coro no se limita a las personas y objetos visibles que lo componen. Se extiende a personas invisibles: Cristo, la Virgen, los santos, los ángeles. Refiriéndose a ello decía Gogol, el gran literato ruso del siglo pasado, que en la liturgia el diácono "inciensa y se inclina también ante las imágenes de los santos, como huéspedes llegados para la Cena". Los iconos cumplen un papel relevante en este tránsito de una visión meramente carnal de la liturgia a una visión en la fe. "En tus santos iconos contemplamos los tabernáculos celestiales y exultamos de alegría sacra", canta la liturgia. A través de ellos se establece un contacto coral entre la liturgia terrestre y la liturgia celestial. Y cuando el celebrante inciensa, engloba en su gesto a los santos representados y a los fieles que se encuentran en la iglesia, expresando así dicha coralidad.


De este modo lo visible y lo invisible, lo espiritual y lo corporal se desposan en el poema sinfónico de la sagrada liturgia. El canto oído, el icono contemplado, el incienso percibido, y la Eucaristía saboreada nos permiten hablar de la vista, del oído, del olfato, del gusto litúrgicos, que no son sólo sensibles sino también espirituales. Este culto es "el cielo sobre la tierra", como dice Boulgakoff, la manifestación de la belleza del mundo trascendente. Es la belleza, como Gloria de Dios, que llena el templo (8).

Sinfonía coral que es una forma de danza, magníficamente expresada en la pintura icónica. Se asegura que la mayoría de los pintores sagrados eran también cantores en el culto. En sus traslados inevitables de iglesia a iglesia, no pudiendo llevar consigo los libros con los textos litúrgicos, es muy probable que, para documentarse e inspirarse, conservasen en el acervo de su memoria las estrofas musicales propias de cada fiesta y de cada misterio del año litúrgico, y cantasen, al menos mentalmente, mientras pintaban; de allí quizás la ritmicidad que se advierte en sus iconos. Sea lo que fuere, resulta evidente que los grandes iconógrafos poseían un agudo sentido del ritmo. Los grupos de sus figuras se balancean y se equlibran armoniosamente. Las líneas se llaman y se responden como las voces en un coro polifónico. El paisaje estilizado acompaña a las figuras, danza con ellas.

En fin, todo conspira para que resulte un sacro poema coral, transido de belleza. Esa belleza que, como acaba de decirnos Boulgakoff, es la Gloria de Dios que invade el templo, esa Belleza que, según Dostoievski, salvará el mundo.




(De El Icono. Esplendor de lo sagrado. P.Alfredo Sáenz, S.J. Ediciones Gladius 1997)

Notas:

(6) Escribe Gilson que una antigua tradición, de origen prevalentemente griego, asociaba la música con el nacimiento de ciertas obras maestras arquitectónicas. "Y en un sentido la arquitectura es una especie de música solidificada. Un edificio es como una sinfonía de piedras cuyas partes coexisten en el espacio en vez de sucederse en el tiempo": Pintura y realidad. Aguilar, Madrid, 1961. p.241. Boecio, por su parte, escribió que la poesía es también una forma de música.
(7) "Les catholiques occidentaux et la liturgie byzantine", en Dieu Vivant XXI (1952) 21.
(8) Cf. L'Orthodoxie, Delachaux and Niestle, Paris, 1959. Paul Edvokimov

Publicado por ErmitañoUrbano

sábado, 12 de marzo de 2011

Teología del Icono


Significado de la

"canonicidad" de los iconos

La tradición en el arte eclesiástico, al igual que en la misma Iglesia, está compuesta de dos realidades: el hecho histórico y la revelación atemporal, indisolublemente unidos entre sí en forma orgánica. Por un lado, la representación de la festividad o del santo nos da un contexto histórico certero y nos transporta a su Arquetipo. Por otro lado, no es una simple representación de un hecho histórico o de una persona entre otras. El icono nos da este hecho o la imagen del santo fuer a del tiempo, mostrándonos su significado dogmático y estético, su lugar en el plan general de la Economía Divina. La iconografía de la festividad nos muestra su contenido dogmático, su lugar en la cadena de hechos salvadores de la historia sagrada. A través del icono del santo conocemos su lugar y su significación en la Iglesia, al igual que el carácter de su servicio a Dios: es decir, como apóstol, santo imitador de Cristo o mártir. Finalmente, en los iconos del Salvador y la Madre de Dios está expresada toda la plenitud de la Economía Divina.

De este modo, cada icono es una parte del todo, de la Iglesia, no sólo en el sentido interno y espiritual, sino también exterior. La construcción arquitectónica del icono, tanto interna como externa, compone una unidad con la arquitectura del templo. Cada icono es para nosotros, tanto en un sentido como en el otro, el mundo llevado a un estado de armonía y de orden superior.

San Juan Damasceno decía: "No me inclino ante la creación en lugar del Creador, sino me inclino ante el Creador que se hizo creado como yo, y sin humillar Su dignidad o sufrir ninguna división, descendió a la forma de una criatura para glorificar mi naturaleza y hacerla partícipe de la naturaleza Divina. Junto con el Rey y Dios, me inclino ante la púrpura del Cuerpo, no como vestidura y no como a una cuarta Persona, no, sino como convertida en partícipe de esa misma Divinidad. Del mismo modo que el Verbo, sin sufrir cambio alguno, se hizo Carne, del mismo modo, la Carne se hizo Verbo sin perder aquello que ella es, mejor dicho, siendo una con el Verbo en la Hipostasis. Por ello, con atrevimiento represento a Dios invisible no como tal, sino habiéndose hecho visible por nuestra causa a través de la participación en la Carne y en la Sangre. No represento la Divinidad invisible, sino por intermedio de la imagen expreso la Carne de Dios que fue visible."

Lo Divino, lo invisible, lo incorpóreo no se representa por sí mismo, sino por la fuerza de la encarnación del Logos, segunda Hipostasis d e la Santísima Trinidad. La imagen, el icono, es antes que nada semejanza, modelo, impresión del Arquetipo. Una representación tal no se parece a la persona u objeto representado al modo de un espejo o de forma naturalista. Su objetivo es hacer evidentes las cosas secretas y mostrarlas. El principio de la iconografía, la relación de la imagen con el Arquetipo penetra en todo el universo. Por su naturaleza, es el reflejo de las relaciones, trascendentes para este mundo, entre Dios Padre y Dios Hijo. En este caso, la imagen es semejante en todo al Arquetipo. El icono está ligado al Arquetipo, no por naturaleza, sino por energía. La energía de Dios, al penetrar la imagen, la santifica y, al manifestarse a través de ella, eleva al hombre hacia Dios. Por ello, el que venera un icono, no venera la materia de la cual está hecho, sino venera al mismo Arquetipo por intermedio de la unión en oración con El.

El icono refleja la santidad, el mundo transfigurado, el mundo superior; por el lo las imágenes de los iconos tienen una esencia significativa y representativa: el mundo transfigurado. Esto está fijado en el Canon. La canonicidad de un icono, no está tanto en el sujeto, como en el principio de la representación del cuerpo transfigurado por medio de signos acordados. La teología cristiana diferencia la incognoscible Esencia de Di os y Sus manifestaciones creadoras, es decir, la energía, dándoles Nombres Divinos. Uno de estos Nombres es la 'Belleza.' Ella es de esencia superior y está por encima de lo mundano, es decir, es trascendente a todo lo sensible. De allí que el arte de la Iglesia tenga por principio el antinaturalismo. La Belleza es una idea central de la estética cristiana. La Belleza, como Nombre Divino, es de naturaleza luminosa. Dios es luz y no hay en El ninguna oscuridad. Cristo es la Luz Verdadera que ilumina a todo hombre que viene al mundo.

Los testimonios de las Sagradas Escrituras están afirmados por la experiencia de muchos siglos de santos cristianos que se esforzaron espiritualmente, que contemplaron la Luz no creada de Dios. El icono canónico transmite esta Belleza, la Belleza llena de la Luz Divina del mundo transfigurado. El icono es el conocimiento concreto y experimentado de la santificación espiritual y la transfiguración del cuerpo del hombre. A la par de la palabra, pero en imágenes visibles y por medio de líneas y pinturas, el icono nos manifiesta la revelación de los dogmas de Dios y, al mostrar al hombre en estado de oración de gracia, nos presenta el misterio de su divinización. En otras palabras, en el icono con medios materiales, se representa la acción transfiguradora de la gracia. Todo el cuerpo participa aquí de la oración, todo el ser se dirige hacia Dios. Ocurre la renovación de nuestra naturaleza, la transfiguración de los sentimientos; ellos, al igual que todo el cuerpo , se hacen distintos. Ese momento, ese estado es la representación del santo en el icono. De allí las formas poco usuales, distintas, no naturalistas que con frecuencia nos so n incomprensible. El icono no es una fantasía, no es una invención , sino el conocimiento concreto y experimentado, como si fuera el hombre representa do en el estado de gracia de la transfiguración. Ello es algo así como una copia de lo natural, con l a ayuda de símbolos. Por ello la extraordinaria grandeza, simplicidad, tranquilidad y gracia del movimiento en el icono. Por ello su ritmo lineal y colorido, sujeto a una armonía superior. Esto es el reino del Espíritu, el dominio de la plenitud de la vida superior, expresada por intermedio de líneas y colores. Sólo las personas que vivieron este estado pudieron crear tales imágenes. Por ello el icono canónico inspira en nosotros el estado de oración y lo concentra. El icono es el camino y el medio, es la oración misma.
De Teología del icono.

lunes, 14 de febrero de 2011

Los Iconos Bizantinos




Decía Paul Valéry: "¿No has observado, al pasearte por esta ciudad, que entre los edificios que la pueblan, unos son mudos, otros hablan, y otros, por fin, que son más raros, cantan?". En efecto, hay edificios muertos, académicos, pura imitación, que a lo más balbucean, pero que no cantan ni hacen vibrar. Y el canto es la condición necesaria de toda auténtica obra de arte.

Así es el arte icónico, dentro de la liturgia y del edificio cultual que lo alberga. "La Nueva Roma -escribe L. Bouyer- supo crear no solamente un arte plástico y arquitectónico nuevo, vivaz, y que renovó sin cesar su originalidad desde el siglo VI hasta la caída de Constantinopla, sino también un pensamiento metafísico, una poesía lírica y dramática, una sabiduría de la vida, y todo ello logrando una unidad orgánica. La liturgia bizantina es el corazón de esta civilización" (7). Las diversas expresiones de arte que exhibe el templo -líneas arquitectónicas, frescos, iconos- encuentran su elucidación integral en el misterio litúrgico. Ninguna de esas expresiones, ni siquiera el icono, resultaría inteligible fuera de dicha referencia. La liturgia misma, en su conjunto, es el icono -icono coral- de la entera economía de la salvación.

A ese coro se unen también los elementos materiales que la Iglesia asume para vehicular la salvación. Nos referimos a la materia de los sacramentos, el pan, el vino, el óleo..., todos elementos sin voz pero que se agregan a la alabanza de los que tienen voz. Sin embargo, ese coro no se limita a las personas y objetos visibles que lo componen. Se extiende a personas invisibles: Cristo, la Virgen, los santos, los ángeles. Refiriéndose a ello decía Gogol, el gran literato ruso del siglo pasado, que en la liturgia el diácono "inciensa y se inclina también ante las imágenes de los santos, como huéspedes llegados para la Cena". Los iconos cumplen un papel relevante en este tránsito de una visión meramente carnal de la liturgia a una visión en la fe. "En tus santos iconos contemplamos los tabernáculos celestiales y exultamos de alegría sacra", canta la liturgia. A través de ellos se establece un contacto coral entre la liturgia terrestre y la liturgia celestial. Y cuando el celebrante inciensa, engloba en su gesto a los santos representados y a los fieles que se encuentran en la iglesia, expresando así dicha coralidad.


De este modo lo visible y lo invisible, lo espiritual y lo corporal se desposan en el poema sinfónico de la sagrada liturgia. El canto oído, el icono contemplado, el incienso percibido, y la Eucaristía saboreada nos permiten hablar de la vista, del oído, del olfato, del gusto litúrgicos, que no son sólo sensibles sino también espirituales. Este culto es "el cielo sobre la tierra", como dice Boulgakoff, la manifestación de la belleza del mundo trascendente. Es la belleza, como Gloria de Dios, que llena el templo (8).

Sinfonía coral que es una forma de danza, magníficamente expresada en la pintura icónica. Se asegura que la mayoría de los pintores sagrados eran también cantores en el culto. En sus traslados inevitables de iglesia a iglesia, no pudiendo llevar consigo los libros con los textos litúrgicos, es muy probable que, para documentarse e inspirarse, conservasen en el acervo de su memoria las estrofas musicales propias de cada fiesta y de cada misterio del año litúrgico, y cantasen, al menos mentalmente, mientras pintaban; de allí quizás la ritmicidad que se advierte en sus iconos. Sea lo que fuere, resulta evidente que los grandes iconógrafos poseían un agudo sentido del ritmo. Los grupos de sus figuras se balancean y se equlibran armoniosamente. Las líneas se llaman y se responden como las voces en un coro polifónico. El paisaje estilizado acompaña a las figuras, danza con ellas.

En fin, todo conspira para que resulte un sacro poema coral, transido de belleza. Esa belleza que, como acaba de decirnos Boulgakoff, es la Gloria de Dios que invade el templo, esa Belleza que, según Dostoievski, salvará el mundo.

(Tomado del Blog Ermitaño Urbano)




(De El Icono. Esplendor de lo sagrado. P.Alfredo Sáenz, S.J. Ediciones Gladius 1990

miércoles, 2 de febrero de 2011

sábado, 23 de octubre de 2010

El Icono


"El icono no es una pintura, no se lo examina como un cuadro, sino con la mirada de la fe, se deja que la imagen nos hable al corazón, lo que se traduce por la perspectiva inversa. El punto de fuga se sitúa en el hombre, lo conduce a su centro. Para acoger las Presencias Espirituales, la iconografía obedece a leyes muy estrictas; por ejemplo, tres días de ayuno antes de dibujar algunos trazos que manifiestan movimientos de vida, como en el caso de la mirada. Estos gestos deben de estar purificados de toda emoción y pensamiento personales, pues son portadores de Otra naturaleza más que nuestra naturaleza apasionada. El icono vuelve visible lo invisible, revela el Rostro interior de un santo, de la Virgen o de Cristo. Cuando usted mira la foto de un amigo, es la persona lo que ve en el papel; en el icono, es la Presencia la que se venera a través de la imagen, y no el objeto en si mismo, pues esta Presencia real, dinámica, viva, despierta por analogía un estremecimiento interior que hace del fiel un participante en el misterio de la Vida, que es movimiento. El icono es una plegaria visible, nos sitúa en resonancia con lo trascendente, la eternidad"

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Mi nombre es Macario, soy de nacionalidad española y pertenezco al Patriarcado de Rumanía como hieromonje en la comunidad ortodoxa rumana de Elche (Alicante) Parroquia de la Santa Protección de la Madre de Dios. Esta parroquia pertenece a la Metrópoli para Europa Occidental y Meridional de la Iglesia Ortodoxa Rumana y está bajo la jurisdicción de Monseñor Timoteo (Lauran) Obispo del Patriarcado Rumano para España y Portugal, siendo nuestro Arzobispo Metropolitano Monseñor José (Pop) con sede en Francia.